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Con el fin de esclarecer el incierto futuro del “Región Árabe”, debemos concretar las alternativas posibles, este Régimen Político Árabe con mayúscula, en realidad se puede hablar en términos formales, de un único sistema político árabe, aunque con matices. Dejando al margen los peligros externos que acechan al futuro de la región, y la llamada” bomba demográfica” el Régimen actual en los países del Golfo, está capacitado para permanecer un largo tiempo, gracias a tres elementos propios garantes del orden establecido: el sistema patriarcal que dulcifica la represión, el sistema tribal que permite “comprar” la estabilidad social con los excedentes procedentes de los beneficios del petróleo, y finalmente la protección exterior.
beneficios del petróleo, y finalmente la protección exterior. En el caso de las monarquías como las de Arabia Saudí, Marruecos, y Jordania, su estabilidad es más difícil. A pesar de que gozan de ciertas garantías de permanencia a medio plazo, gracias sobre todo, a una cierta legitimidad religiosa y política, y la habilidad propagandística a la hora de plantear ciertas reformas políticas, y lo más importante el apoyo exterior. El punto débil del “Régimen Político” represor árabe, son las “repúblicas monárquicas”, (Egipto, Siria, Túnez, Libia, Argelia, Mauritania, Sudán y el Yemen). Éstos no gozan de la legitimidad histórica ni política, tampoco presenta una hoja de servicios exitosa con logros materiales. Solo incapacidad, corrupción, represión. Aquí no hay alternativa posible, la salida más justa es tratarles con su propia medicina. Por lo tanto el futuro lógico previsible es una larga agonía, que nadie puede prever cuánto tiempo durará , seguida por un periodo de anarquía de imprevisibles consecuencias, y finalmente un nuevo régimen, la pregunta es ¿qué naturaleza tendrá este nuevo amanecer?. ¿Hay posibilidades de reformar el viejo modelo árabe? Desde luego estas posibilidades existen. Los servicios de información de muchos países occidentales están buscando nuevos agentes para Egipto, Túnez, y las demás “repúblicas monárquicas” que conserven el mismo formato, para garantizar sus intereses estratégicos, con ciertos retoques como la incorporación de nuevas clases al poder. La cuestión es que las causas del estancamiento permanecen provocan las mismas consecuencias, por lo tanto se perpetúa la búsqueda de nuevas alternativas a un modelo simplemente adulterado. ¿Podemos esperar un sistema verdaderamente democrático incluso después de esta fase intermedia? Puede que si por los motivos que hablaremos posteriormente, pero no hay garantías de encontrar la alternativa basada en la “autocracia virtuosa”, cuyo paradigma se encuentra en China. Vamos a reflexionar sobre esta clase de autocracia, para ver donde radica su peligro sobre nuestro pensamiento difuso, y nuestros sentimientos heridos. La autocracia china Salvó a más de cuatrocientos millones de chinos de sucumbir ante la extrema pobreza, durante solo dos décadas, elevó la economía china al nivel más alto, la segunda del mundo, y se espera que sea la primera. Restauró la grandeza pasada de china, convirtiendo a este país, en una gran potencia política, económica, militar, e incluso cultural reconocida, sin hablar de la revolución tecnológica y científica acreditada con más de 120000 artículos científicos publicados el pasado año, segunda posición después de los EE.UU. El régimen pudiendo correr un tupido velo sobre la corrupción, lucha contra ella sin desmayo, la tremenda popularidad que goza un personaje como Bau Ksi lay, el alcalde de Shung King, es consecuencia de su lucha contra la corrupción, no de la clase marginal, sino en el seno del partido comunista, y las fuerzas del orden público, o sea en el centro del poder. Durante ese periodo de tiempo en el que los egipcios conocieron a un solo presidente, en china hubo tres y se elegirá el cuarto antes de que Egipto se deshaga por la vía natural de su endémico presidente. A ninguno de estos presidentes chinos, que se alternaron en el poder, se le ocurrió dejar en herencia su puesto a su hijo o yerno, o bien se marchó, o es apartado por un poder colectivo, y no por la voluntad de un narcisista, sino en virtud de un sistema político que obedece intereses nacionales no de grupo, familia o una casta dominante. Importar este modelo es una tarea muy sencilla, no hay nada en su esencia que contradiga (la dictadura política liberal económica, ni el nacionalismo etéreo), nuestros “sacrosantos” valores, o nuestras aspiraciones, ni pensamientos intoxicados desde más de 15 siglos, con la fabula del dictador justo. Además, la mezcla de nacionalismo e islam político, puede ofrecer la cubertura ideológica necesaria, equivalente a la que desempeña la extraña amalgama de capitalismo y comunismo en china, tememos pues una coartada propia fácil de vender. Porque no podemos tener un régimen autocrático parecido, eficaz contra la corrupción, exitoso en lo económico, y patriótico. ¿Puede este sistema ser una opción alternativa al modelo democrático contaminado, injustamente, por todos los males de la política occidental, y acusado de competir con el islam por no decir por su hostilidad innata? Antes de responder a esta pregunta, hay que plantear otro interrogante: ¿por qué los pueblos aceptan de buen grado cargar, incluso en situaciones de crisis económica, con los costes de la educación de sus hijos, a pesar de no obtener de ellos nada tangible? La respuesta es porque espera de estos hombres y mujeres cultos, asumir la tarea de plantear pensamientos, ideas, y alternativas , que arrojen luz sobre el camino por el que deben marchar, estos pueblos, para evitar los tropiezos, o salir de círculos viciosos. Esta tarea no es menos necesaria que la de producir bienes materiales. En estos momentos claves y difíciles de la historia de la Umma Árabe, en los que su camino se asemeja a un laberinto, necesita más que nunca a sus intelectuales. El deber de estos intelectuales no es caminar despreocupadamente junto al rebaño, evitar levantar suspicacias comulgando con el pensamiento impuesto , algo que les puede reportar una notoriedad gratuita, sino asumir el papel del pionero, capaz de definir el mejor camino a seguir, asumiendo la experiencia propia y la ajena, y sacar sus conclusiones, para indicar y advertir a todos los caminantes la mejor manera de salir de este embrollo. Con un único objetivo anteponer el bien colectivo por encima de individual. Los avances espectaculares que experimenta china no están ligados a un sistema del dictador justo, puesto que la India experimenta algo parecido, en el marco de un régimen democrático, incluso hay quien afirma que la India tiene mayores potencialidades a largo plazo. Detrás de la opresión en cualquier lugar del mundo, hay una gran cantidad de sufrimientos, sudor y lágrimas, consecuencia del instinto natural del opresor de utilizar la máxima violencia contra la sociedad. Creo que la factura pagada por el ciudadano árabe en general, a lo largo de medio siglo, con torturas, exilios, muertes, terror, y humillaciones es suficientemente grande para buscar una salida. Somos una Nación dividida, cualquier proyecto de unión, que se imponga por la fuerza será inviable, aunque el objetivo sea legitimo y bien intencionado. No hay posibilidad de éxito para la unión de un tirano con otro, aunque sean santos, por el hecho que al final chocarán por el poder. Finalmente, puestos a enjuiciar si el modelo chino es aplicable o no a nosotros los árabes, y diría que no, por el hecho de que la cultura china al igual que la japonesa, es la cultura del “nosotros”, mientras la nuestra es la del “Yo”. Basta con mirar a nuestros alrededor para darse cuenta de la cantidad de narcisistas, y falso modestos que hay. Toda la educación que hemos recibido se limita, aparte de los mimos de la madre, a contar historias épicas, poesías de gran valor, y las fábulas sobre la heroicidad, transmitida en las escuelas, lo que fomenta esta personalidad narcisista. Puede que esta mentalidad delirante, sea la responsable de vanagloriarnos de la figura del tirano, poniéndonos en la fila, esperamos que nos llegue el turno de imitarlo, nadie tiene la sana intención de cambiar las reglas del juego. ¿Cuántos intentos para erigir un sistema de tiranía justa institucionalizada sobre principios islámicos fracasaron estrepitosamente?. Siempre el autócrata termina por imponerse incluso sobre los principios de piedad religiosa, mientras en su nombre se comenten atrocidades. A pesar de todo hay quien convierte todos los intentos fracasados, a lo largo de 15 siglos para conseguir nuestros anhelos, en éxitos. Los únicos casos exitosos a lo largo de este periodo fueron dos periodos, el de Omar Ben al- Jatab,- unos de los cuarto jalifas virtuoso, del profeta, y el de Omar Beb Abdel aziz,- del la dinastía abasí -, son simplemente la excepción que confirma la regla. En nuestra historia contemporánea tuvimos una experiencia de dictador justo, incorruptible, personificada por el rais, Jamal abdel Naser, y tampoco tuvo mucho éxito. El sistema democrático es el único capaz de protegernos de nosotros mismos y de los demás, por ser el único que establece la separación de poderes, evitando que caigan en una sola mano, sea de un individuo o de un grupo, permite la alternancia rápida en el poder, limita la corrupción, gracias a dos mecanismos infalibles para segar las malas hierbas que son: la libertad de expresión, y la independencia judicial. La democracia es asimismo, la única garantía que permite abrir el espacio panárabe ante las personas, los productos y los pensamientos, tal y como lo lograron las democracias europeas, que construyeron la Unión piedra a piedra, después de la caída del fascismo, del nazismo, y del comunismo. Tenemos que convencernos y convencer a los demás de que la democracia es la mejor opción, o la menos mala. La pregunta: ¿Qué posibilidad tiene este sistema de prender aquí? hay quien decía que la vida dura enseña que no siempre triunfa la justicia, ni las opciones racionales son las que escriben la Historia. Para evitar caer en el juego de la ilusión y la desilusión a la hora de valorar las posibilidades de éxito del proyecto democrático árabe, es necesario analizarlo desde dos ámbitos complementarios aunque parezcan contradictorias: El primero consiste en ver el vaso medio vacío. A pesar de todas las demandas de democracia lanzadas por las sociedades árabes, en la década de los setenta, de las oleadas de democracia que inundaron el mundo en los ochenta de siglo pasado, de los pecados mortales de los regímenes tiránicos árabe, y sus sonoros fracasos en todos los campos, y su excesiva dependencia del exterior, siguen siendo capaces de aferrarse al poder . Existe otra lectura más positiva, la de ver el vaso medio lleno, la difusión de la cultura democrática como un sistema racional basado en la aceptación del otro y combatirle pacíficamente, la libertad de expresión y opinión, la limpieza a la hora de organizar las elecciones, y la independencia de la justicia, si estos valores llegasen con nitidez a los pueblos árabes, supondría que la mitad del camino ya está andado. Aquí desgraciadamente nunca se han transmitido estos valores de pluralidad, sino otros tóxicos basados en la unanimidad nacional detrás del líder inspirado. Hemos accedido a la libertad de expresión aprovechando la revolución de la tecnología de las comunicaciones, ya que consigue burlar todas las censuras. El partido único, marco organizativo de las masas, ya pasó a mejor vida, las sociedades se auto organizan gradualmente al margen del poder del estado. Las batallas electorales son cada vez más encarnizadas. La independencia judicial, se desarrolla lenta pero inexorablemente, y forma parte ya de las demandas. Es evidente que nuestros regímenes tiránicos, se enfrentan a una creciente presión para modernizar sus estructuras en el sentido que avanza el mundo en su totalidad. Ningún régimen podrá soportar de forma indefinida estas presiones. Más le vale a estos regímenes que contemplen la posibilidad de ceder ante el empuje de la democracia. ¿Las presiones del exterior? Si la democracia se impone finalmente en el mundo árabe, no será gracias a los grandes países occidentales, como Estados Unidos, Gran Britania, Francia, Alemania, España, e Italia, más bien a pesar de ellos. Esta afirmación será constatada por los historiadores, que tendrán que reconocer la mezquindad ética, y política de unos estados, que pudiendo fomentar los valores que dicen propugnar a nivel mundial, han aparcado estos valores democráticos, aun a costa de sus intereses estratégicos a largo plazo, a cambio de ganancias momentáneas, ofrecidas por regímenes corruptos, y agonizantes . Si por el contrario fracasaran los esfuerzos democratizadores en la zona, entre los motivos de este fracaso se destacará la miopía de estos gobiernos que, en vez de trabajar para la adhesión de 300 millones de árabes al club de la democracia, les empujan a los brazos de China o Irán, como consecuencia de su apoyo a los regímenes tiránicos. Solo nos queda la esperanza de que la evolución interna, base en los transformaciones radicales, y que se cuecen a fugo lento dentro de la sociedad, como la liberación de la mujer, el incremento en los niveles de educación, y finalmente las nuevas tecnologías, desencadenan el cambio global. Conviene recordar aquí el error histórico del planteamiento de los progresistas, su creencia de que la locomotora de la historia avanza inexorablemente en un solo sentido, hacia adelante, en este mismo error pueden caer los demócratas, si se imaginan que con el tiempo, los cambios sociales nos permitirán ver a un druso como presidente del Líbano, o una egipcia, sin que nadie repara si es copta o no, ostentando el poder en Egipto. Lo que no hay duda es que hay fuerzas poderosas que trabajan en pro del proyecto democratizador, y otras en contra, entre estas última cabe destacar la imagen distorsionada de la democracia, nuestras tradiciones tiránicas, y el sueño por un dictador justo, sea religioso o nacionalista. ¿Quién tiene la capacidad de inclinar la balanza en un sentido o en otro?: Evidentemente la voluntad del ser humano. Como seres vivos, nuestro destino esta de algún modo, controlado por fuerzas gigantescas, pero al mismo tiempo tenemos la posibilidad y la energía potencial para controlar al controlador. La verdadera línea divisoria no separa entre islamistas y laico, sino entre demócratas, musulmanes o laicos por un lado, y no demócratas, musulmanes o laicos por otro. La responsabilidad de los demócratas árabes consiste en armarse de valor cultural, para un nuevo amanecer, que conjugue los valores islámicos con los métodos científicos de la democracia. Es cierto que esta tarea no será fácil, necesitará mucha energía para seguir adelante, que deben obtener de la convicción de que la democracia es el único camino para la segunda independencia, que libera al ciudadano en marco de una patria libre, formada por una federación de pueblos árabes libres. El anhelo de todo árabe y la Umma en su totalidad es encontrar su lugar en este mundo. Cualquier intento de rejuvenecer el régimen del déspota decadente o sustituirlo por el modelo chino de tiranía ilustrada, sólo conduce a un nuevo ciclo vicioso, y por consiguiente a un nuevo fracaso. Munsef al Marzuqi _ Aljazeera. Net Traducido Por: J. Sadaka
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